Lunas de Agosto

El día amaneció con los ojos nublados, entrecortados, borrosos entre sollozos. Afuera el sol estaba radiante. La mañana sonaba a primavera. Los rayos de luz se cuelan por las cortinas y provocan que me despierte, empujando la almohada sin fuerzas y aburrido. Así, otro panorama se pinta por dentro.

Estoy envuelto entre sábanas, con la pesadez de una larga noche como las últimas que he tenido, con la resaca de una mente ocupada en una guerra de pensamientos que agobian y calman.

Vi el amanecer otra vez, divagando. Pensaba en cómo el tiempo pone cada cosa en su sitio, cómo el universo escucha esa voz aguda en tu interior. Te hace caso a su tiempo, pero te cumple todo: lo bueno que esperas y lo no tan bueno; lo que sueñas, lo que anhelaste, lo que un día por error pediste, lo que un día por amor rogaste, sin medir las consecuencias de tus palabras, sin sentirlas, sin creerlas. Salieron por angustia y se convirtieron en rabia; fueron aliento y terminaron en angustia.

Hoy aprendí a cuidar mis deseos, porque el humor del destino es pesado y oscuro. Te cumple todo, pero a su tiempo, no al tuyo.

Todavía la quiero y pesa en el pecho. Por eso espero que su destino esté plagado de fortaleza, que su mente sane y que la felicidad un día toque su puerta. Que me vea como el hombre que fui con ella: a la distancia, un buen recuerdo; con el tiempo, un viejo amigo; pero al final, alguien que un día quiso y que la quiso.

Nuestros caminos al fin se separan después de baches y trochas, después de curvas sinuosas, después de tragos dulces y risas amargas, después de ríos de ansiedad y tristeza. Al fin se aceptan, se reconocen, se admiran por el tiempo transcurrido, por la experiencia, y se separan.

Avanzan hacia nuevos horizontes, hacia las montañas que se veían a lo lejos, donde saluda el sol dándole paso a la noche; hacia otras costas con sus lunas; a mirar nuevas constelaciones, el mar visto desde otro ángulo, desde otros ojos.

Sé que me recordará un día y que muchas veces alumbraré sus pasos. Otras veces me comparará; caminará por aceras esquivando mis parecidos. Otras veces añorará mi rastro.

Sus cabellos se harán al tiempo, en su voz aparecerán arrugas, sus pensamientos serán olvidos. Su vida cambiará de tono, serán matices. Sus pasos tambaleantes se perderán en los jardines. Las flores adornarán su frente y la espera se encargará de darle lo que su cabecita añora.

Solo me queda decirle gracias por el tiempo vivido, por la experiencia de amar y de sentir, por juntar su vida con la mía en este tramo de vía, por el calor que me brindaron sus brazos, por la calidez que me dio su corazón, por cuidarme, por arrullarme en su pecho escuchando sus latidos, por abrirme la puerta y alojarme un ratito en su destino.

Gracias por la estrella que me dio su vientre, que fusionó su corazón y el mío, que hoy la miro y corre entre dientes, jugando y diciendo: “papá, te quiero”.

Gracias, mi amor, mi cariñito. Hoy te suelto, pero te recordaré siempre.

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